Encargo y ejecución del Stmo. Cristo de la Sangre

Encargo y ejecución del Stmo. Cristo de la Sangre

En 1920 tuvo lugar la elección de Antonio Baena Gómez como Hermano Mayor de la Archicofradía de la Sangre. Su nombramiento trajo consigo un espectacular incremento patrimonial de la corporación, como signo visible de una política en la que también trató de implicar al resto de la nómina de Hermandades de Málaga. Sobre todo, a raíz de la fundación en 1921 de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de la que también fue su primer presidente. Sin embargo, en mayo de 1931 sus sueños se vinieron abajo y, aún su propia vida escasos años después al ser fusilado en 1936 al estallar la Guerra Civil.

Inmersa en tan desolado panorama, la Archicofradía celebraba el 20 de febrero de 1941 una Asamblea General de Hermanos que tenía por objeto la reanudación de sus actividades y la restauración de su esquilmado patrimonio documental e histórico-artístico. A ello se sumaba todavía el desconcierto reinante en sus filas y el vacío de poder que había traído consigo la muerte de su gran benefactor. Por consiguiente, no es de extrañar que la convocatoria de aquella Asamblea y la primera salida procesional de la posguerra recabara de sus componentes un
esfuerzo más que considerable para estar a la altura de las circunstancias.

En realidad, los conatos de reorganización de la Archicofradía de la Sangre se retrotraían al mes de mayo de 1940 con la constitución de una Comisión Gestora. El Obispado procedía a formalizarla el 19 de octubre,
coexistiendo con las gestiones encaminadas a la restitución de la talla del titular.

Después de tantearse también el nombre de Adrián Risueño, en noviembre de ese año la obra fue encargada sin vacilaciones a Francisco Palma Burgos. Esta decisión vinculaba para siempre el nombre del artista más reconocido del momento con el resurgimiento de una de las grandes Hermandades históricas de la ciudad. No en balde, si la intensa trayectoria secular de la misma alcanzaba a visibilizarse de nuevo en la áspera coyuntura de la posguerra era gracias, precisamente, al trabajo escultórico de Francisco Palma.

En su concepción primaria, la cabeza del Crucificado se situaba ligeramente inclinada sobre el lado derecho, a semejanza del primitivo Cristo de la Sangre desaparecido en 1931. El artista volvió a ser fiel a sí mismo en su predisposición natural a no dejarse condicionar por modelos ajenos.

Se determinó modificar el modelado previo para orientarla hacia la izquierda que hace en presencia del hermano mayor de la Sangre (José Salinas Fernándosa) la cabeza entera, entre las manos de Palma Burgos, gira hacia ese lado, ante la emoción del prioste de la hermandad, que ve cómo se estira el moldeable barro sin romperse en el habil movimiento.

Cabeza y busto, ahora del gusto del escultor, fue fotografíado para salir publicados en la prensa local y en el Ideal de Granada.

Suscribiendo una costumbre habitual al culminar varias de sus obras, durante el proceso de hechura del Crucificado se introdujo un tubo de metal en la cavidad torácica para asegurar la perfecta conservación de un pergamino. Su escueto texto, no exento de los inevitables juicios de valor muy propios de este periodo histórico, resume a la perfección la situación atravesada, cuyo contenido nos es conocido a través de la prensa local.

«En la ciudad de Málaga, siendo las doce de la mañana del dia 16 de
marzo de 1941, y en el estudio del escultor malagueño D. Francisco
Palma, en la calle de Cobertizo del Conde núm. 17, se reunió la Junta Directiva de la Real, llustre y Venerable Cristo de la Sangre y María Santísima de Consolación y Lágrimas, al objeto de proceder a la colocación de la presente acta en el pecho de la nueva imagen, la cual reemplaza a la que fue destruida por los sin Dios y sin Patria, el dia 11 de mayo de 1931, en la lglesia Parroquial de la Merced. Este Cristo fue encargado el día 26 de noviembre de 1940 recorriendo por primera vez las calles malagueñas el dia 9 de abril del presente año, y para que conste firmamos el presente en Málaga en la fecha arriba citada».

Palma Burgos comprometido a entregar la escultura el 20 de marzo de 1941 si bien ésta no abandonaría el taller hasta la madrugada del 4 de abril, en que fue trasladada a la sede de la Real Academia de Bellas Artes
de San Telmo, en un acto «de una sencillez y emotividad impresionante». El «Salón Muñoz Degrain» de la corporación académica fue de nuevo el escenario de la presentación oficial de la efigie al público malagueño acompañada de la primera y vituperada versión del Cristo de la Humillación, en su interpretación con
túnica tallada y manos atadas al frente, que el taller de Palma ejecutó casi a la par del Cristo de la Sangre.

Fuente: Francisco Palma Burgos. «El drama de la escultura», Juan Antonio Sánchez López.

 

 

Autor

Desarrollador web. Amante de la Historia. Cofrade. Colaborador desde 2018.

X Contenido protegido