Esperanza y la tradición del pañuelo

Esperanza y la tradición del pañuelo

Cada Jueves Santo María Santísima de la Esperanza procesiona con una saya de 1969, hecha de tisú de plata bordada en oro y seda. Muchos no saben que bajo el volante inferior, figura bordada la leyenda: ‘Año del Señor 1969’.

Las camareras son las encargadas de mantener una tradición, la de los pañuelos.

Todo comenzó en los años cuarenta, cuando Juan Antonio Bujalance (que posteriormente fue Hermano Mayor) resultó herido en una pierna. Los médicos, ante la gravedad de las heridas, le plantearon a su padre que debían amputarle, y éste (que era albacea de la Archicofradía) cogió un pañuelo que había en el manto de la Vírgen y se lo colocó en la pierna a su hijo. La mejoría fue tal que descartaron la amputación.

Desde entonces numerosas familias piden un pañuelo de la Vírgen, pieza que, pasado un tiempo, devuelven a las camareras.

TRADICIÓN ACTUAL

La tradición actual establece que los hermanos y personas cercanas a la Archicofradía que se lleven un pañuelo de la Vírgen para alguien que lo necesite, al tiempo, resuelto o no el problema, devuelvan otro pañuelo distinto para volvérselo a colocar.

María Stma de la Esperanza

En función del valor artístico del pañuelo que se devuelve, las camareras y el vestidor deciden que se quede para el ajuar de la imagen o que se vuelva a entregar para alguien que lo demande, de forma que se sigue con la cadena.

Historias

Diario Sur recabó dos historias.

Una es, la de un sacerdote cercano a la cofradía que estaba esperando un hígado y cuya vida corría serio peligro. En este caso, fue recibir el pañuelo y llegar en ese mismo día el órgano que esperaba. Sin embargo, su situación era ya tan delicada que no pudo superar la operación.

La otra historia es la de un hombre que tras haber sido trasplantado de riñón sin éxito en dos ocasiones anteriores, desde los veinte años de edad, fue trasplantado por tercera vez. Su familia pidió un pañuelo y, tras la operación, lograron entrar en la sala en la que se encontraba y lo anudaron a la vara que sostenía el suero. A las pocas horas llamaron a miembros de la cofradía llorando de emoción porque el trasplantado había empezado a orinar.

Sea un milagro o no, lo cierto es que la tradición de los pañuelos de la Virgen de la Esperanza sigue viva y constituye un valioso patrimonio devocional que sus cofrades están dispuestos a preservar para siempre.

Fuente: «Los rostros de la Vírgen», Cope Málaga. Diario Sur. Foto: LM Gómez Pozo. 

 

 

Autor

Cofrade y Hermana de Zamarrilla, Santo Traslado y Sepulcro. Escribiendo Historias desde 2016.

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