Los Mantos de la Soledad de Santo Domingo (I parte)

 

En este artículo vamos a ver como los mantos han ido evolucionando según las modas y el tamaño de los tronos

 

PERIODO ANTES DE LA FUSION (XVI-1915)

La Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad fue fundada a mediados del siglo XVI. No tenemos constancia como era su atuendo, pero es fácil suponer, pero por entonces, era similar a otras Dolorosas, que consistía en mantos negros, probablemente de seda o terciopelo, y, habitualmente carentes de bordados, salvo excepciones. Sí se sabe que en 1766 Doña Bárbara de Aguilar y Padilla, camarera de la Virgen, dona numerosos enseres a su Titular, como rosario, pectoral con diamante,… y capa blanca de vestir y un manto de terciopelo negro con estrellas y palmitas de plata.

La primera imagen de nuestra Virgen data de 1866, en el que lleva manto negro ribeteado de fino encaje, sobre un saya de color ajustada a la cintura, también con encajes en su pecho.

 

La incorporación de la burguesía comercial e industrial a esta cofradía (todavía no unida a la de la Buena Muerte), contribuyó a enriquecer la indumentaria mariana. Por entonces era acompañada por marinos de Guerra, seminaristas y la banda de música de la Casa de Socorro.

Hasta la década de los 20, los mantos tenían un tamaño medio, que apenas tapaba la peana mariana, como las actuales de Traspaso y Soledad de Viñeros, y Dolores de Servitas. Pero al ir aumentando el tamaño de los tronos, también aumentó el de los mantos marianos.

 

1919-20. 

Tras la fusión, cuatro años atrás, se mejora el vestuario de Nuestra Señora, gracias a la aportación de las esposas de los aristócratas y burgueses de la ciudad (Duquesa de Montpensier, Condesa de los Gaitanes, la marquesa de Larios, la esposa de Antonio Baena, …) donando joyas, rosarios y broches.

Este año se realiza un gran manto de terciopelo negro (cuya autoría, sevillana, se desconoce) donado por Antonio Baena. La idea es estrenarlo junto al nuevo trono (de Francisco Palma García), pero éste no se estrenó hasta 1921.

Tenía 3,5 metros de longitud y se utilizó entre 1920 y 1931. Ni este manto ni la saya que lucía durante su estancia en la Catedral (de 1932 al 36), se perdieron durante la quema de conventos (1931), a estar, posiblemente, en casa de algún hermano. Pero durante la Guerra Civil desaparecieron.

Manto donado por Antonio Baena. 1920.

 

1942 – 43

Sobre un provisional trono de flores, vuelve a las calles, con su característica toca blanca y un nuevo manto que se había confeccionado en un taller especializado de Zaragoza durante la década de los 20. Este manto lo utilizó la Virgen del Gran Poder y, tras la guerra, la Virgen de los Dolores (de Expiración), para pasar en 1942 a la Ntra. Sra. de la Soledad.

Primera salida procesional tras la Guardia.Civil. Con el manto de la Virgen del Gran Poder. 1943.

 

1944- 47

El nuevo trono necesitaría un nuevo manto. El artífice de la renovación fue el nuevo Hermano Mayor, Miguel Serrano de las Heras.

Parte del presupuesto para esta renovación, provino del mercado negro, propio de la       postguerra, del cemento (era gerente de la Sociedad Financiera y Minera, fábrica de la Araña). Costó medio millón de pesetas dicha renovación: la nueva imagen de la Virgen, dos nuevos mantos y palios, insignias de los talleres sevillanos de Leopoldo Padilla y Seco Velasco.

Durante varios años se utilizó un nuevo palio y manto en consonancia con el cajillo. El palio era poliédrico de inspiración antequerana, confeccionado con la greca del antiguo manto.

El manto era provisional de unos 6,5 metros de longitud de terciopelo negro con grandes flores de lis. Este detalle tenía significación ideológica, puesto que es la flor de los borbones, reforzando la vinculación con la Casa Real, en una época de influencia falangista. (Foto de portada)

En 1945 se adquiere en Antequera por 55 reales la actual talla mariana, de Antonio del Castillo (1692). Por esas fecha la que hasta entonces era ImagenTitular, es donada a un convento de esa ciudad. Actualmente se desconoce su paradero.

 

VER SEGUNDA PARTE

 

Fuente: Al final de la segunda parte.

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En busca de nuestras raíces.

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