NO TODO ES RELIGIOSIDAD EN SEMANA SANTA

No todo es religiosidad en Semana Santa

En la calle Granados había una casa de citas desde 1945. En ella trabajaban 18 jóvenes que tenían más cantidad de trabajo en Semana Santa, especialmente militares que participaban en las procesiones, formando tal cola en la calle que la Autoridad Gubernativa tenía que intervenir.

Tal fue el problema que suponía en esas fechas, que el Gobernador de turno mandó, en los años 50, que el Jueves y Viernes Santo, las integrantes de la casa de citas pasaran la noche en la cárcel de mujeres, junto al Guadalmedina.

Pero las prostitutas consiguieron convencer al cabo para salir y ver las procesiones por calle Carretería. La inusitada concentración de estas mujeres provocó la alarma del respetable sobre todo cuando al paso de los tronos, los portadores, recios hombres del puerto, reconocieron a las mujeres y comenzarle a lanzarles piropos y comentarios mal sonantes.

Al final tuvo que intervenir la policía y volver a conducir a las jóvenes a la cárcel.

Y Herminia, nonagenaria prostituta y dueña del local, concluye, que el cierre de la casa de citas en esos días, provocó tantas riñas provocadas por legionarios bebidos, que el Gobernador desistió de cerrarla en la Semana Santa siguiente. 

Tan floreciente era el negocio, especialmente en Semana Santa y Navidad, que abrió otra casa en Hoyo de Esparteros.

En su casa de la barriada de la Paz cuenta Herminia estas anécdotas al escritor Diego Ceano, que recogería en su libro “Memorias de una ramera malagueña”.

Herminia nació en 1905 en el barrio de la Alcazaba. Se jubiló en 1968 cerrando su negocio de la calle Granados. Murió en un pueblo de Cádiz en 2001.

 

NOTA: La fotografía de portada es solo ilustrativa. 

 

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