Vestir a la Vírgen (I parte). Evolución

Vestir a la Vírgen (I parte). Evolución

Hasta finales del siglo XIX, nuestras Vírgenes llevaban saya y mantos negros, con una gasa alrededor del rostro y aureola redonda (“galleta”, en el argot cofradiero) en la cabeza.

Expresaban un dolor muy intimista, siguiendo la escuela de Mena. Con los ojos casi cerrados y con cara de niña, símbolo de su pureza y ser virginal, parecía no pedir más bordados ni metales que un encaje de los llamados “almejas” (por el aspecto de las puntadas) ;  y un corazón traspasado por un puñal en su pecho, como indicaba la profecía de Simeón. Sobre una peana de carrete de mano de reducidas dimensiones que se fijaba recto de cabeza a los pies.

Posiblemente eran vestidas por mujeres.

Se las hacía pocos cambios al año, como Viernes de Dolores y Viernes Santo y, si hacían salida procesional.  

Frecuentemente tenían las manos con los dedos entrelazados lo que impedía la recogida del manto y disminuía la creatividad al vestirla. Este es uno de los motivos por lo que muchas de nuestras Vírgenes han sufrido cambios de manos al poco tiempo de ser adquirida por una hermandad (Estrella, Dolores de San Juan, Dolores (Expiración), Nueva Esperanza,…).

Anterior juego de manos entrelazadas de la Virgen de los Dolores (Expiración) (en la Casa Hermandad).

 

Han llegado a nuestros días, Soledad de Mena y Dolores del Puente, con las manos entrelazadas, signo de nuestra identidad. Sin embargo, una Virgen de la escuela malagueña-granadina que siempre ha tenido las manos separadas ha sido la de Servitas. 

Al comenzar el siglo XX, se empiezan a emplear otros colores para vestido y manto, a bordarse las prendas y empleo de ráfagas y coronas; además de joyas, no sólo en los tocados, si no también en las coronas; y la peana de carretera se sustituye por el palio y manos más largos.

Durante los años 30 se empieza a utilizar lo que se llama “pollero”: armazón de hierro para ensanchar la silueta del manto.

A finales de los 40 y principios de los 50, el tocado se amplía para hacer destacar más el rostro entre el tren de vela y el tamaño de los tronos. Quizás el primero que hizo esa transformación fue Rafael Alonso García, con el llamado «percherín de bullones» para la Virgen de los Dolores de la Expiración.

Vestidores (masculinos) han ido innovando a lo largo de los años: Juan Casielles y Manuel Gámez (los 60); Juan Rosén, Manuel Mendoza, (los 70); Rafael Gómez, Jesús Castellanos, (los 80); Joaquín Salcedo, José Manuel Molina, (los 90); Javier Nieto, David Anaya (nueva generación) etc… 

 

El canónigo Manuel Gámez

 

(No hemos podido nombrar, por motivos de espacio, a todos los vestidores que en las últimas décadas han ido innovando y mejorando el arte de Vestir la Virgen; nuestra gratitud por su “callado” trabajo).

Pocas son las vírgenes vestidas por vestidoras en los últimos años: Soledad de Mena, Servitas, Rocío,… Como curiosidad, mencionar que la Cofradía de la Virgen de la Esperanza tiene norma de que sea la mujer del Hermano Mayor, quien realice esta actividad.

Hoy día se realizan cambios según avanza el calendario litúrgico: Adviento, Navidad, Candelaria, Cuaresma (el modo a la «hebrea» llegó desde Sevilla en los 70), salida procesional, difuntos… lo que hace que el armario de cada Virgen sea muy amplio y variado.

En la segunda parte de este artículo describiremos el Acto íntimo de Vestir a la Virgen, en palabras de una de las vestidoras más conocida de nuestra Semana Santa.

 

Leer >> Vestir a la Vírgen (II parte). Acto Intimo

 

Fuente: Diario Sur. «Historia documental de cofradías…» Llordén/Souviron.

Foto de Portada: Javier Nieto vistiendo a la Virgen de la Paz. Diario Sur.

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En busca de nuestras raíces.

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